dimarts, 7 d’abril de 2015

Episodio Piloto #31




Jesús en la cruz

Como si se tratara de un nuevo paso de la Semana Santa, el despido de Jesús Cintora de Las mañanas de Cuatro ha hecho hervir las redes sociales de lloricas y palmeros beatos.

La decisión de Mediaset de prescindir del presentador que duplicó la audiencia del espacio que heredó de Marta Fernández a base de hashtags fáciles y resultones, tertulianos insufribles y opiniones aborregadas y aborregantes ha convertido en mártir a alguien que confundió su papel de presentador y moderador con el de opinador de todo. De absolutamente todo.

Nuestro Jesús crucificado se dejó llevar: devaluó su espacio hasta convertirlo en un panfleto insoportable, casi a la altura de Al rojo vivo, y Cintora llegó a creerse una especie de Ferreras, sin darse cuenta de que el peso específico (y especialmente económico) de uno y otro en las respectivas cadenas no era, ni de lejos, parecido: pocos pueden darse el lujo de tener un programa de televisión para decir lo primero que les pase por la cabeza y encima dárselas de gran periodista.

El tratamiento que Cintora daba a la información resultaba sensacionalista y sesgado, carente de todo rigor. A veces daba la sensación de que el guión estaba escrito por algún círculo de Podemos, con todo lo que eso supone.

Jesús se puso una túnica y se calzó unas sandalias, salió al huerto a sermonear al personal, a contestar y contrariar a los políticos desde su atalaya y sus delirios se mesianizaron y llevaron al Calvario.

Si el cese de Cintora por parte de Mediaset responde a esto último me parece acertado, aunque llegue tarde y el daño al programa esté hecho; si es la consecuencia de presiones políticas, en cambio y pese a todo, resulta inadmisible.


Article publicat a Levante-EMV, l'1 d'abril de 2015


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