dimecres, 27 de maig de 2015

Episodio Piloto #38




Cuota valenciana

El conseller encargado de velar por las señas de identidad de los valencianos clamaba esta semana en Twitter contra un programa de humor que hizo una coña sobre la corrupción de la terreta. “Que los valencianos llevamos la corrupción en el ADN es un insulto inadmisible” se lamentó el conseller del partido de Rus, Castedo, Alperi o Fabra y al cual parece que le molestan más las bromas de Dani Mateo en El Intermedio que las causas de corrupción de sus correligionarios.

Sólo por las vergüenzas políticas del PPCV los valencianos mereceríamos una televisión pública, porque no es de recibo que el País sea noticia todos los santos días por lo mismo y que saturemos los informativos y las tertulias estatales con grabaciones, contratos amañados y sumarios en el Tribunal Superior de Justicia.

Echo de menos una televisión que nos informe sobre todo esto, pero acto seguido me vienen a la cabeza los momentos más negros de Canal 9 y me asalta la duda: ¿Cómo informaría el Canal 9 de Lluís Motes del caso Imelsa? ¿Cómo se trataría en una tertulia presentada por Manu Ríos los abucheos a Rita Barberá en los mercados del Cabanyal y Russafa? ¿Qué dirían de la campaña electoral esos presentadores que antes retransmitían los actos de Fabra con fervor y que ahora encabezan candidaturas moradas a la desesperada?

Los valencianos, como decía, nos merecemos una televisión pública propia, pero también nos merecemos una que no tenga nada que ver con la que hemos sufrido, la que ha servido al poder, la que manipuló la información hasta la náusea y la que hizo, en definitiva, que nos avergonzáramos y que muchos acabáramos por no sentirla como nuestra.

Sólo espero que este domingo de elecciones empiece la cuenta atrás para esa nueva televisión que sí que nos merecemos.

Article publicat a Levante-EMV, el 20 de maig de 2015

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