dimarts, 5 de maig de 2015

Episodio Piloto #34



A los leones

Reconozco que tuve que dejar lo que estaba haciendo (que era, básicamente, jugar con la gata que hace unas semanas se metió en mi casa) cuando ese concursante tan raro se presentó ante el jurado de Masterchef con una patata que simulaba la cabeza de un león y unas tiras de pimiento a modo de melena en la prueba de eliminación.

Me descojoné mucho con la explicación con la que el chico justificó el platito en cuestión: “Me han pedido que sea un león... y he hecho un león con una patata”. Fue todo maravilloso: la puesta en escena, la impostada brutalidad de la expulsión, cómo se llevo al límite al muchacho hasta que dijo aquello de “No voy a volver a cocinar en la vida” y “Me voy a meter en un pozo dos años”.

La cosa, como no podía ser de otra forma, se convirtió en viral en el circo social y estuvimos días riéndonos del “León come gamba” (y del propio concursante) hasta que algunos sacaron la monja que llevan dentro y empezaron a cuestionar el escarnio público con el que la masa estaba disfrutando.

A veces conviene recordar que en televisión todo es mentira y que pocas cosas se dejan al azar: en Mujeres y hombres y viceversa los tronistas no buscan pareja, en De buena ley no se resuelven conflictos entre vecinos, en El objetivo Ana Pastor no sólo da datos para que nosotros saquemos las conclusiones y, por supuesto, en MasterChef la cocina es lo de menos.

La televisión es una trituradora de personajes: ella los crea y la turba los explota. Este programa de Masterchef se grabó, se editó y se montó hace semanas y la repercusión de este momentazo era fácilmente imaginable. Lamentarse por un mayor de edad que accede a presentarse a un reality, que firma contratos con cláusulas leoninas (nunca mejor dicho) y se convierte en el hazmerreír de España de forma voluntaria es de una condescendencia insoportable. Por lo menos estos leones no muerden.


Publicat a Levante-EMV, el 22 d'abril de 2015

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