dilluns, 26 de gener de 2015

Episodio Piloto #12



Paradoja divina

En televisión, como en la vida real, a veces asistimos a paradojas que nos reconcilian con el mundo: en la vida real el ortodoxo Juan Cotino ha sido imputado en el caso Gürtel por la visita del papa y en la tele el valenciano Carlos Medina fue expulsado de Top Chef en una prueba en la que perpetró, precisamente, una paella infame.

Carlos se había convertido en el concursante/personaje estrella de esta edición del reality de fogones placas de inducción, de la misma forma que las valencianas Begoña Rodrigo y Bárbara Amorós lo hicieron el año pasado con su mala hostia y lloros respectivos, demostrando que glorias a España no sé si nos quedan por ofrecer, pero de concursantes para realities vamos sobrados.

El paso de Carlos por el programa ha sido como cuando ves un animal atropellado en la carretera: sabes que es desagradable, pero siempre te quedas mirando. Sus opiniones sobre otros concursantes, sus platos de mierda, su trabajo en Singapur (que más de uno considerará imaginario) y hasta su madre han sostenido y animado el concurso.

Esta semana Carlos llegó a la prueba de eliminación con el reto de cocinar un plato valenciano y la cosa se convirtió en un via crucis. “He visto pollo en la despensa, así que voy a hacer una paella”. Se le quema el pollo. “En la paella el pollo tiene que estar quemado”. Le añade caldo de ave al arroz. “Huele a paella”. Tritura el arroz y lo presenta como una crema. “Hay que innovar”. Mete tres kilos de azafrán. “En Singapur el azafrán se esnifa”. La paella es una mierda. “Me habíais dicho que cocinara una paella”. No, la paella fue elección tuya. “Es que de la gastronomía valenciana sólo conozco la paella y la horchata con fartons”.

Vete a tu casa y no vuelvas.


Article publicat a Levante-EMV el 19 de novembre de 2014

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