dimecres, 7 de gener de 2015

Episodio Piloto #09



El chester de Bertín

Como si se tratara de una profecía maya sobre una conjunción astral de efectos devastadores, el domingo por la noche coincidieron en televisión Rosa Díez y Albert Rivera. Una en El Objetivo de Ana Pastor y el otro en el chester de Risto Mejide.

Lo primero acabó como un duelo dialéctico de señoritas Rottermeier y lo segundo como una conversación de barra de bar entre dos divorciados que se quejan porque no ven a sus hijos tanto como les gustaría. Y yo dándole al mando a distancia como un loco, de despropósito en despropósito.

Dejé El Objetivo, ese programa que dice que “estos son los datos” (sic) para que el espectador saque sus conclusiones, cuando un reportero salió a la calle a preguntar a transeúntes qué opinaban, en general, de la corrupción en España y me topé con Mejide preguntándole a Rivera si volvería a posar desnudo en un cartel electoral. De regreso a La Sexta, me sorprendieron Pastor y Díez en un diálogo de estiradas intentando demostrar a la audiencia que una era más lista que la otra y no pude evitar pensar que si hubieran sido hombres el programa hubiera acabado con los dos sacándosela y midiéndosela.

Rivera estuvo mejor, pero no por méritos propios, ya que con Mejide pasa una cosa curiosa: cualquier entrevistado a su lado parece una persona afable, modesta y simpática, ya sea un político, un presentador de televisión o un genocida. Toda regla, sin embargo, tiene su excepción y en este caso, antes de Rivera, Mejide tuvo un entrevistado al que no pudo superar: Bertín Osborne.

Al lado del cantante de rancheras ni siquiera Risto resulta engreído o pretencioso y sólo alguien que tiene la caspa dentro y no fuera de la cabeza es capaz de soltar cosas como que “Ahora no soy infiel porque valoro lo que tengo”.

Hay determinados personajes de los que la televisión necesita divorciarse para siempre.



Columna del 5 de novembre de 2014, a Levante-EMV. 

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