dilluns, 17 de novembre de 2014

Episodio Piloto #1



La tele no es para el verano

Durante el verano, con las cadenas generalistas llenas de presentadores segundones y reposiciones constantes, he aprovechado para tragarme la programación de esos canales que nunca veo durante el resto del año. Este agosto me he entregado casi sin resistencia a esas cadenas que, en principio, van dirigidas a un público femenino pero que en realidad tienen un target al que, simplemente, no le gusta pensar. Y ello independientemente de su sexo.

Es innegable el magnetismo de un programa en el que su protagonista necesita ir a la tele para elegir un vestido de novia, cambiar de peinado, reformar una cocina o un sótano o comprar una casa porque, en la vida real, cuando alguien quiere cambiar el color de su salón, por ejemplo, sencillamente se limita a molestar a sus amigos enviando fotos de muestras de pintura por whatsapp para que le ayuden a decidir. Sin embargo, en Divinity hay un programa que soluciona eso.

De todos estos programas de falso coaching el que más miedo me da es Extreme Makeover, que fracasó en España con el nombre de Cambio radical, y en el cual cogen a una persona, generalmente del Medio Oeste americano y que necesita perder unos kilos, y le hacen una liposucción. Y, ya puestos, le pegan las orejas de soplillo, le quitan la mitad de la nariz, le levantan las cejas, le aumentan el pecho y le llenan la boca de carillas de porcelana, de forma que, al final de todo este proceso, a nuestro obeso de Kansas no lo reconoce ni, de verdad, la madre que lo parió.

Y decía que da miedo porque, después de una tarde entera tragándome Extreme Makeover, uno no puede evitar mirarse al espejo y ver todo lo que le sobra (y todo lo que le falta) y barajar la posibilidad de pedir cita para levantarse las cejas o para corregir ese colmillo que no está tan alineado como debería.

Por suerte, ya ha llegado septiembre y pronto nos pondremos más ropa para taparnos las taras y dejaremos a un lado todos esos programas porque para ver chorradas intrascendentes y que nos torturen sólo tendremos que poner Telecinco. 


Columna publicada en Levante-EMV el 3/IX/2014 

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