dilluns, 29 de desembre de 2014

Episodio Piloto #08



Adán (y Eva) al desnudo

La semana pasada Cuatro estrenó, con un gran éxito de audiencia, Adán y Eva, que viene a ser la evolución natural de los dating show, ese subgénero televisivo que se presta, y mucho, a la vergüenza ajena.

Desde el autonómico y naïf Amor a primera vista hasta los tróspidos de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o el icónico Mujeres y hombres y viceversa ha llovido mucho, pero hay algo que sigue constante: que todo es mentira.

A pesar de ello, en Adán y Eva nos quieren vender la burra: “La verdad sólo se presenta de una forma, desnuda” rezaba, pretencioso, un rótulo en el estreno y a continuación la presentadora nos explicaba que el programa había creado “un mundo donde enamorarse es la única ocupación de los participantes”. Esto, en cristiano, significa: vamos a poner a gente no muy lista en pelotas, les vamos a dar alcohol y vamos a ver qué hacen, como si en vez de follar fueran a replantear las bases de la civilización occidental.

El resultado del experimento es genial: chicas con el papo al aire y chicos balanceando la chorra por la playa e interactuando entre ellos como si fueran chimpancés. Se tumban a la sombra, se tocan aquí, se tocan allá y hablan de ir a visitar museos cuando dejen la isla. Como el ora et labora benedictino, vaya.

Lo único que me molesta de Adán y Eva es que hayan buscado algún pretexto para lanzar el formato (aunque sea tan endeble como el que utilizó una concursante para justificar su participación en el programa: “Tengo 21 años y aún no he encontrado el amor”) porque si algo aprendimos de GandíaShore es que el entretenimiento televisivo ya no necesita tener sentido: sólo hace falta un puñado de bufones descerebrados con abdominales marcados y mucho alcohol.

Columna publicada a Levante-EMV el 22 d'octubre de 2014




1 comentari:

Anònim ha dit...

Sí, sí, pero Rasoir Électrique bien que se lo traga casi todas las semanas viendo los pibones y pollones. XD

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