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dijous, 18 de juny del 2015

Episodio Piloto #39



Nada claro

Una redactora de la delegación valenciana de TVE ha reconocido que no se realizó ninguna conexión en directo con la sede de Compromís el pasado domingo porque, a pesar de disponer de todos los medios técnicos para hacerlo, desde la dirección se vetó esta idea.

Todo apunta a que será Joan Ribó el próximo alcalde de Valencia y eso, después de 24 años de gobierno del PP en la tercera ciudad del estado, parece ser que no merecía unos segundos de conexión. Yo no soy periodista, pero a mí el hecho me parece destacable.

Esto entronca con la degeneración que TVE viene sufriendo desde que el PP asumió su control y que el lunes tomó forma humana en la persona de Buruaga y en su estreno con Así de claro, un formato a medio camino entre la tertulia y el akelarre.

El programita no consiguió reunir ni a un millón de espectadores por lo que es muy probable que el lector de esta columnita no sepa de qué hablamos. Pues bien, hablamos de cómo se destinan miles de euros de dinero público a pagar a portavoces no oficiales del gobierno para que contraten opinadores infames.

Eso sería en general, porque si descendemos al detalle la cosa se pone peor: Buruaga recorrió Atapuerca y se trajo a todos los indocumentados que encontró para hablar de las elecciones, de Isabel Pantoja (no es broma) o de los pitidos a la bandera y al himno en los partidos de fútbol (de verdad, no es broma).

Uno de los invitados/contratados era Bieito Rubido, director de ABC, que para hablar del acoso escolar utilizó las expresiones “niño que tiene una tara” o “niña gordita” y para los que pidió respeto.

Este es el nivel de las cosas.

Columna publicada el 27 de maig de 2015

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dijous, 4 de juny del 2015

Episodio Piloto #35



Las primeras entregas de la versión íbera de Pesadilla en la cocina lo tenían todo para triunfar: el equipo de Alberto Chicote recorría España buscando la grasa escondida en las campanas extractoras de las cocinas con la excusa de ayudar a estos negocios a salir a flote.

Después de varias temporadas el formato ha perdido chispa y ya nadie se cree que el programa tenga nada de altruista o didáctico (ni siquiera de espontáneo) y capítulo tras capítulo se repite el mismo esquema. El problema ya no suele ser la limpieza ni la propia cocina, sino la evidente falta de profesionalidad de sus propietarios y empleados y eso no se soluciona cambiando las sillas por unas más modernas, rediseñando la carta o pintando las paredes de colores.

Esta temporada, sin ir más lejos, se estrenó con el negocio que un paracaidista (!) expulsado del ejército (!!) había abierto a las afueras de un pueblo y en el que nadie sabía freír un huevo. El problema, para los responsables de Pesadilla en la cocina, eran las tensiones personales entre el propietario y el personal del restaurante y no que nadie tuviera ni puta idea de cómo gestionar un negocio, servir mesas o rebozar un calamar.

En este país de servicios, Chicote pone en evidencia el carácter chapucero del emprendimiento patrio: cuando uno no sabe qué hacer con su vida hipoteca la casa de sus padres y monta un bar, un restaurante o un chiringuito en la playa, contrata a tres indocumentados para que frían patatas congeladas y espera ganar dinero sin dar un palo al agua.

En un mundo ideal, del mismo modo que los padres que llevan a sus hijos a Hermano mayor no deberían haberse reproducido, todos los locales que se prestan a este escarnio público nunca deberían haber abierto sus puertas.

Article publicat el 29 d'abril de 2015, a Levante-EMV.

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dimecres, 27 de maig del 2015

Episodio Piloto #38




Cuota valenciana

El conseller encargado de velar por las señas de identidad de los valencianos clamaba esta semana en Twitter contra un programa de humor que hizo una coña sobre la corrupción de la terreta. “Que los valencianos llevamos la corrupción en el ADN es un insulto inadmisible” se lamentó el conseller del partido de Rus, Castedo, Alperi o Fabra y al cual parece que le molestan más las bromas de Dani Mateo en El Intermedio que las causas de corrupción de sus correligionarios.

Sólo por las vergüenzas políticas del PPCV los valencianos mereceríamos una televisión pública, porque no es de recibo que el País sea noticia todos los santos días por lo mismo y que saturemos los informativos y las tertulias estatales con grabaciones, contratos amañados y sumarios en el Tribunal Superior de Justicia.

Echo de menos una televisión que nos informe sobre todo esto, pero acto seguido me vienen a la cabeza los momentos más negros de Canal 9 y me asalta la duda: ¿Cómo informaría el Canal 9 de Lluís Motes del caso Imelsa? ¿Cómo se trataría en una tertulia presentada por Manu Ríos los abucheos a Rita Barberá en los mercados del Cabanyal y Russafa? ¿Qué dirían de la campaña electoral esos presentadores que antes retransmitían los actos de Fabra con fervor y que ahora encabezan candidaturas moradas a la desesperada?

Los valencianos, como decía, nos merecemos una televisión pública propia, pero también nos merecemos una que no tenga nada que ver con la que hemos sufrido, la que ha servido al poder, la que manipuló la información hasta la náusea y la que hizo, en definitiva, que nos avergonzáramos y que muchos acabáramos por no sentirla como nuestra.

Sólo espero que este domingo de elecciones empiece la cuenta atrás para esa nueva televisión que sí que nos merecemos.

Article publicat a Levante-EMV, el 20 de maig de 2015

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dimarts, 19 de maig del 2015

Episodio Piloto #32


Birgitte Nyborg no es de UPyD

Hace semanas que asistimos en directo a la muerte de UPyD como partido político. La televisión, a golpe de rueda de prensa, nos ofrece la agonía de una formación que alarga innecesariamente el dolor y cuya desaparición definitiva se producirá en pocas semanas.

El último episodio lo vivimos ayer en Valencia, con Toni Cantó saltando de un barco que se hunde y en el cual ya solo quedan cuatro suicidas que han decidido dormir el sueño de justos en el lecho marino más abisal.

Tras los pésimos resultados de las elecciones en Andalucía, Rosa Díez llegó a hacer la siguiente reflexión para justificar las cuestionables formas de la dirección: “Creamos un partido para Dinamarca, pero en España” y a servidor le vino a la cabeza inmediatamente la serie danesa Borgen, que narra cómo Birgitte Nyborg, del Partido Moderado, llega al gobierno de Dinamarca.

Si en general las comparaciones son odiosas esta lo es mucho más porque Nyborg, como Díez, es la líder de un partido pequeño, pero aquí acaban las coincidencias entre una cosa y la otra.

Borgen es una serie que toda persona interesada en la política debe ver. Díez, en cambio, es una política de la que se debe huir. Nyborg preside un partido con ideas, posicionada ideológicamente, de fuerte carácter europeo y con una clara vocación integradora; UPyD, en cambio, ha jugado a la ambigüedad ideológica, ha realizado más purgas internas que los comunistas y la dirección ha manejado el partido como un cortijo regentado por señoritos vestidos de magenta.

Los que hemos visto Borgen hemos disfrutado durante sus tres temporadas de los recovecos de la política, pero son muchos los mártires torturados que deja UPyD en toda España.

Rosa, no te engañes: UPyD es lo más español que hay.


Article publicat a Levante-EMV, el 8 d'abril de 2015



dimarts, 5 de maig del 2015

Episodio Piloto #34



A los leones

Reconozco que tuve que dejar lo que estaba haciendo (que era, básicamente, jugar con la gata que hace unas semanas se metió en mi casa) cuando ese concursante tan raro se presentó ante el jurado de Masterchef con una patata que simulaba la cabeza de un león y unas tiras de pimiento a modo de melena en la prueba de eliminación.

Me descojoné mucho con la explicación con la que el chico justificó el platito en cuestión: “Me han pedido que sea un león... y he hecho un león con una patata”. Fue todo maravilloso: la puesta en escena, la impostada brutalidad de la expulsión, cómo se llevo al límite al muchacho hasta que dijo aquello de “No voy a volver a cocinar en la vida” y “Me voy a meter en un pozo dos años”.

La cosa, como no podía ser de otra forma, se convirtió en viral en el circo social y estuvimos días riéndonos del “León come gamba” (y del propio concursante) hasta que algunos sacaron la monja que llevan dentro y empezaron a cuestionar el escarnio público con el que la masa estaba disfrutando.

A veces conviene recordar que en televisión todo es mentira y que pocas cosas se dejan al azar: en Mujeres y hombres y viceversa los tronistas no buscan pareja, en De buena ley no se resuelven conflictos entre vecinos, en El objetivo Ana Pastor no sólo da datos para que nosotros saquemos las conclusiones y, por supuesto, en MasterChef la cocina es lo de menos.

La televisión es una trituradora de personajes: ella los crea y la turba los explota. Este programa de Masterchef se grabó, se editó y se montó hace semanas y la repercusión de este momentazo era fácilmente imaginable. Lamentarse por un mayor de edad que accede a presentarse a un reality, que firma contratos con cláusulas leoninas (nunca mejor dicho) y se convierte en el hazmerreír de España de forma voluntaria es de una condescendencia insoportable. Por lo menos estos leones no muerden.


Publicat a Levante-EMV, el 22 d'abril de 2015

dimarts, 7 d’abril del 2015

Episodio Piloto #31




Jesús en la cruz

Como si se tratara de un nuevo paso de la Semana Santa, el despido de Jesús Cintora de Las mañanas de Cuatro ha hecho hervir las redes sociales de lloricas y palmeros beatos.

La decisión de Mediaset de prescindir del presentador que duplicó la audiencia del espacio que heredó de Marta Fernández a base de hashtags fáciles y resultones, tertulianos insufribles y opiniones aborregadas y aborregantes ha convertido en mártir a alguien que confundió su papel de presentador y moderador con el de opinador de todo. De absolutamente todo.

Nuestro Jesús crucificado se dejó llevar: devaluó su espacio hasta convertirlo en un panfleto insoportable, casi a la altura de Al rojo vivo, y Cintora llegó a creerse una especie de Ferreras, sin darse cuenta de que el peso específico (y especialmente económico) de uno y otro en las respectivas cadenas no era, ni de lejos, parecido: pocos pueden darse el lujo de tener un programa de televisión para decir lo primero que les pase por la cabeza y encima dárselas de gran periodista.

El tratamiento que Cintora daba a la información resultaba sensacionalista y sesgado, carente de todo rigor. A veces daba la sensación de que el guión estaba escrito por algún círculo de Podemos, con todo lo que eso supone.

Jesús se puso una túnica y se calzó unas sandalias, salió al huerto a sermonear al personal, a contestar y contrariar a los políticos desde su atalaya y sus delirios se mesianizaron y llevaron al Calvario.

Si el cese de Cintora por parte de Mediaset responde a esto último me parece acertado, aunque llegue tarde y el daño al programa esté hecho; si es la consecuencia de presiones políticas, en cambio y pese a todo, resulta inadmisible.


Article publicat a Levante-EMV, l'1 d'abril de 2015


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dimarts, 31 de març del 2015

Episodio Piloto #30



Alfombra roja a la vergüenza

TVE cumplió su amenaza y el sábado por la noche reestrenó la Noche de fiesta de José Luis Moreno, aunque tuvieron el detalle de bautizarlo con otro nombre: Alfombra Roja Palace (sic). Así pues, mientras en el universo paralelo de las tontertulias sabatinas Bono hacía promoción de su libro contando lo que ya ha contado hasta la náusea y Revilla se marcaba una clase magistral de churrimerinismo con pizarra incluida, en la cadena pública estatal tenía lugar este esperpento de programa que olía a pañal usado desde el salón de mi casa.

El formato era el de siempre: actuaciones musicales en playback, humoristas que nunca hicieron gracia contando los mismos chistes que nunca hicieron reír, presentadoras semidesnudas (lo de Berta Collado con cápsulas Nespresso usadas a modo de pezoneras/lunares es para hacérselo mirar) y supuestos galanes más barnizados que maquillados piropeando a sus compañeras.

Si el contenido del programa era deplorable, no estuvo mucho mejor su lado técnico: el caos era tal que estoy en condiciones de asegurar que el trabajo del regidor, del técnico de sonido y del realizador fueron encargados a tres monos borrachos.

La vergüenza ajena era total hasta que apareció en el escenario Francisco (!), rodeado de falleras y de supuestos músicos de banda (!!) para cantar el himno regional (!!!) y entonces la vergüenza pasó de ajena a propia al comprobar cómo el paradigma de la casta y de la caspa artística valenciana nos retrotraía a 1985.

El merecido colofón a este programa sólo podía ser o un desfile de modelos en bikini y tacones o la aparición de una banda de albanokosovares para que pusieran orden y remataran todo aquel despropósito. Si tengo que ser sincero, soñé con el segundo.


Columna publicada en Levante-EMV, el 25 de març de 2015



dijous, 26 de març del 2015

Episodio Piloto #29



Televisión en campaña

El lunes tuvo lugar el último de los tres debates televisados de las primeras elecciones que sufriremos en España este año. En esta ocasión el debate tuvo lugar en la televisión pública española y reunió sólo a los candidatos de las tres fuerzas que ya existen en el parlamento andaluz, a pesar de que todas las encuestan auguran que el mapa político de Andalucía cambiará a partir del domingo con la aparición de dos fuerzas nuevas.

En este sentido, los medios públicos son un mecanismo más de lo que se conoce peyorativamente como el sistema para salvaguardar su propia existencia: la publicidad electoral se reparte de acuerdo con los resultados de las últimas elecciones y en los telediarios la información sobre la campaña se adecúa igualmente al porcentaje de voto que se obtuvo cuatro años antes, de forma que se intenta silenciar a las nuevas formaciones que puedan surgir.

Abro paréntesis. El reparto de los tiempos en los informativos ha llevado a muchos profesionales a no firmar sus informaciones por considerar que no se adecúa a principios profesionales, sino políticos. Cierro paréntesis.

En la era de Internet, con las redes sociales convertidas en la nueva (y mejor) televisión estas limitaciones ya no sólo resultan inútiles para el sistema, sino también contraproducentes, porque alimentan el descrédito de los grandes partidos que lo sustentan y del que maman de forma recelosa.

Las andaluzas serán las primeras, pero luego vendrán las autonómicas y municipales, después las catalanas y las generales a final de año y en todas se repetirá el mismo patrón: los grandes partidos se repartirán los tiempos de publicidad y de información en televisión mientras los pequeños que quieren dejar de serlo se volcarán en los nuevos canales de comunicación.

Y seguro que les irá mucho mejor.


Article publicat en Levante-EMV, el 18 de març de 2015

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dilluns, 16 de març del 2015

Episodio Piloto #28



Lo llaman matrimonio y sí lo es

No hace mucho tiempo en España tuvimos que ver como la caverna política, eclesiástica y mediática salía a la calle domingo sí y domingo también para protestar porque alguien decidió que los derechos civiles que genera el matrimonio deberían extenderse a todas las uniones análogas, independientemente del lugar y de la posición que ocuparan en la cama.

Esta gente clamaba contra la igualdad de derechos de una forma tan natural que aún hoy da miedo y algunos llegaron al extremo de recurrir al Tribunal Constitucional porque consideraban que hacer la declaración de la Renta de forma conjunta, por ejemplo, era un derecho que sólo correspondía a unos ciudadanos y no a todos.

Abro paréntesis. Recuerdo que una amiga, muy afectada por estas tesis reaccionarias, llegó a decirme “Es que mi matrimonio ahora vale menos”. Cierro paréntesis.

Reabro paréntesis. Sí, yo también tengo amigos idiotas. Recierro paréntesis.

Me gustaría saber qué opina toda esta morralla que protestaba por la extensión de derechos ciudadanos a personas que hasta entonces no los tenían ante Casados a primera vista, el último estreno de Antena 3, porque el programa ofrece lo que promete: gente desesperada por casarse accede a hacerlo con un desconocido a cambio de un viaje, de salir en la tele y de quedar en evidencia ante toda España. Los recién casados tienen un mes para ver si el apaño funciona, si es así pueden seguir casados; si no, se divorcian y ya está.

Podríamos preguntarnos si el programa supone la banalización extrema de la institución matrimonial, pero vamos a ser serios: a nadie le importa este show y la verdad es que casarse por dinero y por salir en televisión es tan buen motivo para hacerlo como cualquier otro.

Columna publicada en Levante-EMV, l'11 de març de 2015


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dijous, 5 de març del 2015

Episodio Piloto #27



No a Rita

Mucho antes de que los tribunales tumbaran sus ansias demoledoras cabanyaleras y los falleros la abuchearan por salir a la Cridà para hacer un discurso lisérgico, ya había en Valencia una joven que le había dicho que no a una Rita Barberá que esta última semana ha puesto a Valencia en el mapa al aparecer en absolutamente todos los informativos, tertulias políticas y programas de humor de la televisión española.

Abro paréntesis. La sobreexposición televisiva ritabarbaresca solo fue divertida durante un segundo. El resto del tiempo ha sido penoso. Cierro paréntesis.

Esa chica es Carme y tiene un blog (medasunbesobonita.wordpress.com) en el que se presenta así: “Sóc Carme. Ara tinc 14 anys. Vaig nàixer a la ciutat de València el 9 del 9 del 99 amb 9 dits als peus” y para evitar sorpresas añade: “Des del primer moment mon pare i ma mare van intuir que jo seria diferent”.

Su padre y su madre son Enric y Tona y es ésta última la que cuelga en la red las aventuras de Carme en las que, en contra de lo que dice, se parece mucho a las niñas de su edad. Lo único que la hace diferente es que de vez en cuando tiene que pasar por el hospital, pero para todo lo demás es como cualquier chica de catorce años: discute con sus hermanos Mariola y Quim, quiere desesperadamente un móvil, no suelta el iPad ni cuando duerme y le gusta dar besos a la gente que quiere (entre los que, por suerte, me encuentro yo).

Carme, como decía, fue una pionera: fue la primera en negarle algo a Rita, aunque sólo fuera un beso y a su padre Enric le pusiera en un compromís (“És que la xiqueta no és molt de besar, Rita”), y a pesar de que “hi ha coses que em costen un poquet més que als altres xiquets de l'escola”, Carme nos enseñó una lección que deberíamos tener muy presente hasta el mes de mayo: se puede (y se debe) decir que no a Rita Barberá.

Columna publicada a Levante-EMV el 4 de març de 2015


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dimecres, 25 de febrer del 2015

Episodio Piloto #23




La realidad

Tengo que empezar reconociendo que no sé qué hace que una serie funcione. O mejor dicho: qué hace que una serie sea buena y funcione. Supongo que para que una serie triunfe, en una época en la que aparecen series cada día, deben darse muchas circunstancias y casualidades: un buen guión, un buen reparto, un buen momento para estrenarla. Como digo, no lo sé.

Es mucho más fácil saber cuándo una serie funciona y cuando no que saber por qué lo hace. Pondremos dos ejemplos: recientemente descubrí Borgen, una serie danesa que nos cuenta el día a día de la gestión política en una democracia seria.

Borgen relata la conformación de un gobierno de coalición, las vicisitudes de la tramitación parlamentaria de las leyes, los pasillos y los recovecos de la política, las tensiones entre la realpolitik y los programas electorales o el desgaste personal de los servidores públicos. Todo ello bien narrado, bien interpretado, en definitiva, bien hecho.

Y luego, en el otro lado, tenemos The Strain, que estrenó ayer Cuatro. Una serie que trata de todo en general: hay nazis mutantes, hay una epidemia, hay monstruos, hay gente que muere, hay un viejo judío con una espada mágica y hay un padre que, en medio de un inmediato apocalipsis, lucha contra la epidemia y los nazis mutantes y, al mismo tiempo, por conseguir la custodia de su repelente hijo. Todo ello mal narrado, mal interpretado, en definitiva, mal hecho.

Lo más curioso es que para el espectador ibérico las tramas políticas de Borgen, por su seriedad, contundencia y sentido democrático, resultarán muchos menos verosímiles que los nazis mutantes de The Strain.

Así de idiotas y descreídos nos han dejado algunos.


Columna publicada en Levante-EMV, el 4 de febrer de 2015

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dimarts, 10 de febrer del 2015

Episodio Piloto #14




Sin señal

Un amigo que trabajaba en Canal 9 me llamó a los pocos días de la visita del papa a Valencia y me contó que habían llegado al extremo de manipular la previsión meteorológica: “A pesar de que estábamos en alerta teníamos prohibido hacer referencia a las altas temperaturas por si la gente se quedaba en casa y no venía a ver al viejo”. A este punto de degradación llevó el PP la televisión pública de los valencianos.

El 29 de noviembre del año pasado Fabra decidió cerrar la radio y la televisión públicas en una noche-madrugada-mañana esperpéntica que se convirtió en el principio de su larga pero constante inmolación política y, coincidiendo con el aniversario de este desastre democrático, TV3 estrenó en 30 minuts un reportaje realizado por ecs!trabajadores de Burjassot en el que se mezclaba un poco de todo y en el que se hacía cierta autocrítica. Mira, más vale tarde que nunca.

La noche del cierre de Canal 9 fue la noche, cosas de la vida, que más tiempo vi aquella cadena porque, como me pasó a mí, muchos valencianos habíamos dejado de sentir la RTVV como nuestra. Por la burda manipulación y por la programación de mierda.

La noche del cierre, sin embargo, me emocioné y me indigné porque me estaban robando algo que aunque ya no sentía como mío sabía que seguía siéndolo y porque entendía que mi desapego (provocado por ellos) no les daba derecho a hacer aquello. Pero si soy sincero también me reí. Me reí con Paco Telefunken que, sin ser ni una cosa ni la otra, pasó de villano a héroe en unas horas, y con Manu Ríos, despeinada y sin maquillar, detrás de la reja de Burjassot como un mapache en el Bioparc intentando aparentar alguna clase de dignidad.

Y es que para algunos no debe haber segundas oportunidades.


Columna publicada a Levante-EMV, el 3 de desembre de 2014

dimecres, 4 de febrer del 2015

Episodio Piloto #21







Lobos tróspidos

Tengo que reconocerlo: me encanta ¿Quién quiere casarse con mi hijo? y lo peor es que no puedo hacer nada por evitarlo. De toda la basura que se emite en televisión (y mira que hay) este es mi programa favorito.

Por si queda alguien que no sabe en qué consiste, esta sería la versión oficial: hay unas madres preocupadas porque sus hijos siguen solteros y deciden ir a la televisión para buscarle una novia a su vástago entre la recua de candidatas que proporciona la productora después de un cásting memorable.

Abro paréntesis. Como, gracias a Zapatero, España es un país moderno, ya hace una par de ediciones que entre los candidatos el programa incluye una cuota homosexual, de forma que en este país la orientación sexual ya no es un obstáculo para hacer el ridículo en televisión. Cierro paréntesis.

Buscar una novia a un chico de 20 años, decía, es el pretexto oficial del programa, pero la verdad es que el fondo de ¿Quién casarse con mi hijo? es otro muy distinto y podríamos encontrarlo en el Lupus est homo homini de Plauto ya que todo gira en torno al ensañamiento implacable, cruel y despiadado con el congénere, porque aquí no hay dios que se salve del escarnio público y caníbal.

Todos los personajes (las madres, los solteros, los candidatos) pasan inexorablemente por la trituradora que primero los guionistas y después los encargados del montaje preparan con un gusto exquisito, de forma que al final de cada capítulo el resultado es el mismo: uno acaba con las manos manchadas de sangre tras tuitear los grandes momentos del programa y cuestionando las bondades del sufragio universal.

Dentro de cada uno de nosotros vive un Pol Pot.


Columna publicada el 21 de gener de 2015 a Levante-EMV

dimarts, 3 de febrer del 2015

Episodio Piloto #22



Pedro Hormigos

Esta semana el inframundo televisivo nos ha ofrecido una tragedia que pareciera escrita a cuatro manos por Esquilo y Sófocles: la expulsión de Olvido Hormigos en Gran Hermano VIP ha empapado la programación de Telecinco de cabo a rabo y los espectadores hemos asistido a la caída y resurrección de esta nueva mártir del siglo XXI con la curiosidad zoológica y el repelús con el que conviene asomarse a todo lo que emite esta cadena.

Abro paréntesis. En ese sentido, no parece exagerado afirmar que ha hecho más por la etología de los primates Gran Hermano que los documentales de gorilas del National Geographic. Cierro paréntesis.

En paralelo al acoso y derribo de la ecs!concejala socialista de Los Yébenes, dirigido y orquestado por una Belén Esteban sempiterna en pijama y más clínica que nunca, la política ibérica nos ha regalado otro caso de bulling despiadado e inmisericorde desgranado durante toda la semana en televisión: el de Susana Díaz con Pedro Sánchez.

Con Bono y Zapatero encarnando los papeles de Ylenia y Víctor Sandoval como cooperadores necesarios en el escrache a Pedro Sánchez, Susana Díaz se ha erigido en princesa del pueblo líder socialista y ha decidido que debe tomar las riendas de la casa del partido y hacer rodar cabezas adelantando las elecciones andaluzas: se carga a su socio de Gobierno, intenta evitar que Pablemos tenga tiempo para organizarse y se presenta ante el aparato del partido y la audiencia el electorado como la gran triunfadora de las nominaciones elecciones y la única capaz de disputar el triunfo a un Kiko Rivera Mariano Rajoy que no sale del jacuzzi de la Moncloa.

Un plan redondo que, de momento, sólo se sostiene en el papel, pero en el que Pedro Hormigos lleva todas las de perder y en el que Susana Esteban inicia una trayectoria que puede hacerle acabar en un especial de Hermano mayor. Tanta brutalidad sin duda lo merece.


Columna publicada a Levante-EMV el 28 de gener de 2015

dilluns, 26 de gener del 2015

Episodio Piloto #12



Paradoja divina

En televisión, como en la vida real, a veces asistimos a paradojas que nos reconcilian con el mundo: en la vida real el ortodoxo Juan Cotino ha sido imputado en el caso Gürtel por la visita del papa y en la tele el valenciano Carlos Medina fue expulsado de Top Chef en una prueba en la que perpetró, precisamente, una paella infame.

Carlos se había convertido en el concursante/personaje estrella de esta edición del reality de fogones placas de inducción, de la misma forma que las valencianas Begoña Rodrigo y Bárbara Amorós lo hicieron el año pasado con su mala hostia y lloros respectivos, demostrando que glorias a España no sé si nos quedan por ofrecer, pero de concursantes para realities vamos sobrados.

El paso de Carlos por el programa ha sido como cuando ves un animal atropellado en la carretera: sabes que es desagradable, pero siempre te quedas mirando. Sus opiniones sobre otros concursantes, sus platos de mierda, su trabajo en Singapur (que más de uno considerará imaginario) y hasta su madre han sostenido y animado el concurso.

Esta semana Carlos llegó a la prueba de eliminación con el reto de cocinar un plato valenciano y la cosa se convirtió en un via crucis. “He visto pollo en la despensa, así que voy a hacer una paella”. Se le quema el pollo. “En la paella el pollo tiene que estar quemado”. Le añade caldo de ave al arroz. “Huele a paella”. Tritura el arroz y lo presenta como una crema. “Hay que innovar”. Mete tres kilos de azafrán. “En Singapur el azafrán se esnifa”. La paella es una mierda. “Me habíais dicho que cocinara una paella”. No, la paella fue elección tuya. “Es que de la gastronomía valenciana sólo conozco la paella y la horchata con fartons”.

Vete a tu casa y no vuelvas.


Article publicat a Levante-EMV el 19 de novembre de 2014

dimecres, 21 de gener del 2015

Episodio Piloto #11



Las 7 diferencias

Viernes. Sálvame Deluxe en Telecinco. Una ventana en la esquina inferior de la pantalla nos muestra a la próxima invitada: una tal Makoke, que viene a hablar de lo suyo.

En el plató Jorge Javier Vázquez pregunta a una vidente: “¿Es cierto que Lola Flores echó una maldición a Isabel Pantoja por robarle el novio a Lolita y que eso explicaría todas las desgracias de su vida?” y, por si esa pregunta no se contestara sola añade: “¿Son efectivas las maldiciones?”. La vidente responde: “Sin duda. Piensa, por ejemplo, en los Kennedy o en la maldición de Tutankamon. Sobre todo en determinadas razas que tienen mucha energía. El problema de la Pantoja es que la persona que le echó la maldición está muerta y eso lo complica todo”. Un rótulo aporta sensatez al debate: “La vidente Conchita Hurtado explica por qué Isabel Pantoja podría ser víctima de una maldición”.

El programa lanzó la etiqueta #pantoruina y cosechó una audiencia del 18,7% de cuota de pantalla.

Sábado. La Sexta Noche en La Sexta. Una ventana en la esquina inferior de la pantalla nos muestra a la próxima invitada: una tal Pilar Rahola, que viene a hablar de lo suyo.

En el plató Eduardo Inda pregunta a Errejón, de Podemos: “¿Participarías en un mitin neonazi?, ¿Participarías en un mitin en el que se niegue el holocausto judío? ¿Participarías en un mitin de ETA?”. Errejón contesta que no e Inda ataca de nuevo: “¿Y qué te parece que Pablo Iglesias haya participado en un mitin del entorno proetarra”. Un rótulo aporta sensatez al debate: “Pablo Iglesias, ¿radical y simpatizante de ETA?”.

El programa lanzó la etiqueta #L6Npodemos y cosechó una audiencia del 15,5% de cuota de pantalla.


Columna publicada a Levante-EMV el 12 de novembre de 2014

dijous, 15 de gener del 2015

Episodio piloto #20



París y Guadalix

Resulta desesperante comprobar como cada vez que sucede algo importante las redes sociales se convierten en un río de diarrea discursiva en el que parece que existe una pugna por ver quién hace más el ridículo.

El último ejemplo lo hemos visto con claridad en relación a los atentados yihadistas en París de la semana pasada y gracias a los cuales hemos leído estupideces una detrás de otra del estilo: “Todo el mundo habla de París pero nadie dice nada de X” y por X se puede entender “el cierre de Canal 9”, “los niños de África”, “el cierre de Egunkaria”, “que han denunciado a un tuitero por hacer el idiota” u “otra vez hay lentejas para comer”.

Un ejemplo: un fotógrafo valenciano, en plena crisis francesa con secuestros, rehenes y sangre por secar, lanzaba un tuit con la foto de un periodista asesinado en Gaza y lamentaba que “Esto no es noticia”. La realidad es que sí que había sido noticia, pero en verano de 2014, que fue cuando el periodista palestino fue realmente asesinado. Esto demuestra que a veces hay que saber ajustar mejor el objetivo.

Pues bien, del mismo modo empezó Jordi González el domingo a presentar Gran Hermano VIP: después de hacer referencia a los atentados de París añadió “Este es un programa de convivencia y tolerancia”. Y yo me abochorné mucho, casi hasta el límite. Hasta que, en un momento dado, a los Chunguitos les ofrecieron en una pantalla la imagen de otro concursante de raza negra y dijeron: “¿Eso es un gorila?”, “¿Esto es la selva?”, “¿Eso es un mono?”, “¿Ese es King Kong?” y mi bochorno se convirtió en asco.

No quiero hacer ningún llamamiento en concreto, pero si alguien quiere poner en cuestión las bases de nuestra civilización le ruego que deje París en paz y que empiece, por ejemplo, por Guadalix de la Sierra.


Columna publicada a Levante-EMV el 14 de gener de 2014





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